No te conformes con 6 - Adán Echeverría
Excelente, Sobresaliente, Suficiente y No Suficiente. A, B, o hasta F. 100, 24 y hasta cero. 10, 7, 6 y un hermoso 5. Tuve una maestra en la secundaria a la que solíamos apodar La Piraña. Recuerdo que era menudita, pequeña, delgada y llena de arrugas, como una tierna viejecita, que nada tenía de tierna, y por seguro se los digo, tampoco tenía muchas ganas de enseñar nada.
Impartía la materia de Educación Cívica (este nombre lo han cambiado tanto ya, que si se llamaba de otra forma, la idea es lo que cuenta), y por ella se trataba de inculcar en los chamacos de entre 13 y 16 años las reglas básicas para comportarse en sociedad, conocer las garantías individuales, saber qué significan las siglas IMSS, ISSTE, IFE (¿ya existía en el '88?, no importa). Imaginen que tan mal me fue en esa clase, o más bien, que tan poco aprendí en ella, porque la pasé al menos con Suficiente, que equivalía a un redondísimo y espigado 6.
La Piraña era una delicia en el salón. Jamás recordaré cuáles eran las tareas que solicitaba. Se que ella nos iba llamando, en cada clase, para entregar nuestra libreta con el resumen de la lectura que nos había marcado. El Adancito, que soy yo, nunca estaba enterado de ello, así que, junto con otros muchos flojos, despistados, arrebataba la tarea de los que sí la habían hecho para copiar lo más rápido posible el resumen de una cuartilla o cuartilla y media y, a pluma o lápiz, emborronar una plana o dos de la libreta.
Cuando la Piraña gritaba "Echeverría", yo ponía mi resumen frente a sus ojos y ella entonces decía, mordisqueándose los labios. "Muy bien, jovencito, excelente".
Era ridículo escucharla decir, siempre con ternura, a aquel que entregaba hasta esa copia apurada del resumen mal escrita con apenas un parrafito garabateado. Ella se mordía los labios salivando un poco: "Joven, esta tarea está incompleta, te mereces... un Cerito", sonreía con bondad y te zampaba en la libreta y en su lista un terrible Cero con tinta roja, que por cuestiones de promedio, era imposible luego solventar, y para al final del curso no hallar manera de alcanzar el anhelado Suficiente. Te sabías debiendo la materia.
¿Cuándo como estudiantes o como sociedad decidimos conformamos con tener Suficiente de calificación? ¿A eso es a lo que aspiramos, a tener 60 o pasar apenas la materia con 6?
Todos los que hemos estudiado en escuelas públicas, supongo que habrá sus pequeñas diferencias, en alguna ocasión hemos dicho: Con que logre pasarla me conformo. Y hasta he escuchado a padres que le dicen a sus hijos: Bueno, al menos no sacaste cinco.
Entonces el estudiante va creciendo con promedio de 7 en la primaria, un notorio 6.9 en la secundaria, donde muchas materias se las llevó a extraordinario. Logra entrar a la educación preparatoria y acá, de extraordinario en extraordinario, va saltando los escollos, esquivando repetir el año, de 6 en 6, de siete en siete, y siendo constante en las filas de inscripción para las primeras, segundas, terceras oportunidades.
Muchos incluso han tenido que recurrir a sus padres para que soliciten en la Coordinación Académica su Examen Especial, que significa que no pudo pasar en las tres oportunidades de extraordinario, y sus padres tienen que ir de "rogones" para ver si su hijo o hija consigue aprobar la materia, como limosnero ante un Coordinador lleno de nobleza y corazón bondadoso, que a partir de ese momento no se cansará de decir que gracias a él sigues estudiando.
No hablemos de la corrupción. Esa, la conocemos todos. Comprar maestros, pagar exámenes, alguien que presenta por ti, las muy conocidas chafas a la hora de estar presentando, sobreviviendo, sí, sobreviviendo, cantaba Mercedes Sosa.
Y entonces logran entrar a la Facultad.
Inician sus estudios universitarios. Y en este país, hay que aplaudir esa intención. Muchos jóvenes desertan en el camino. Pero estos sobrevivientes del Seis, del Suficiente, ya tienen mérito por el hecho de estar en la Universidad. Entonces de nuevo el conformismo. Las escenas se repiten. Novatadas, borracheras, salidas los fines de semana, noviazgos, divorcios de los padres, depresiones, drogadicción, alcoholismo, maestros mal pagados que se ensañan con los estudiantes, prácticas profesionales, competencia leal y de la otra, todo lo que tiene que correr un universitario.
A esa edad comienzan los coqueteos políticos, los escarceos sociales, los espíritus izquierdosos. Pero las prácticas educativas que permiten aprobar una materia continúan siendo las mismas. El estudiante buscará la forma de llevarse el menor número de materias al examen extraordinario. Pasará las que pueda con 60, igual sigue siendo Suficiente, y si alguna pierde, la preocupación es conseguir dinero (en ocasiones sus padres ya no quieren solventar su desidia) para poder inscribirse a un examen más.
Por ello su promedio de la licenciatura va del 6 al 7.99 y se pierden la oportunidad de que el Conacyt, o alguna otra Institución, los pueda becar para continuar sus estudios. Que viene a ser lo de menos.
Lo terrible es enfrentarse a la vida. Como sobrevivientes, muchos de ellos afirman: Una calificación no define mis capacidades, y hay mucho de cierto en ese pensamiento. Pero la otra realidad también descubre a Médicos con promedio de 60, Abogados que apenas pasaron las materias, Biólogos que se titulan tomando un curso de dos meses que les costó 4 mil pesos. Se obvian las tesis, para qué las tesinas. Si alcanzan el promedio, dales el Título, y las estadísticas marcan la tendencia: más gente a ser profesional, más gente que para Nada se comporta como profesional.
Ahora, Felipe Calderón Hinojosa propone, a todas luces como acto de campaña, hacer la educación preparatoria obligatoria.
Uno habría de continuar preguntándose ¿Por qué tenemos que conformarnos?
Alguna vez mi padre me dijo: Si esa persona pudo hacer tal cosa, por que yo no podría, por que tú no podrías. Y siempre he creído en esa premisa. Si alguien logra sacar 100 en una materia, porque yo no puedo, qué me lo impide. Acaso lo primero que te lo impida seas tú mismo.
Todos tenemos las capacidades, a menos que haya algún impedimento físico o mental que se nos haya diagnosticado. Es necesario, para que un país siga creciendo, que todos nos exijamos en el día a día. Que no nos conformemos con sacar 6, que no nos conformemos con pasar la materia porque, como dice mi sobrina: Odio a esa maestra. Ese maestro es espantoso. Las materias que más nos son enojosas, son las que debemos pasar con 10; hay que ponernos esos retos en la vida. Siempre intentar ser mejores que el día de ayer.
En aquellos días de la secundaria, como un clásico Sobreviviente de 6, recuerdo que jamás hice resumen alguno en la materia de La Piraña. Un día le dije a mi amiga Gaby que la maestra no leía lo que le entregábamos. Gaby me dijo que estaba loco. Claro que lo lee. No, insistí, solo mira el bloque de letras, y con base en si son pocas o muchas califica. Y me decidí a probarlo corriendo el riesgo de que me tronara.
Me dediqué durante una clase a escribir cualquier tontera. Contar cómo nos había ido en el descanso, a contar que Superman había bajado al patio del colegio y las chicas se habían vuelto locas por él, y sandeces de ese tipo; así logré cubrir cuartilla y media de letras y párrafos.
Los demás chicos del salón ya estaban enterados de mi "resumen", así que cuando La Piraña levantó la vista y me llamó: Echeverría, alargando la última "a" de mi apellido, trepé hasta su escritorio con la mirada de los cuates sobre mi libreta.
Puse la tarea ante su vista y La Piraña me dijo: Muy bien, Echeverría, perfecto, te mereces un 10. La risa fue contagiosa en todo el salón, volviéndolo una fiesta. Todos gritaban en burla: Maestra, maestra, maestra, y La Piraña, conmovida hasta las lágrimas, solo alcanzó a decir:
- Ay, muchachos, igual los quiero mucho.- Después de ese día, mis compañeros también decidieron entregar cualquier cosa en vez de su resumen. Nadie volvió a abrir el libro de Civismo para hacer la tarea.
