Como en la Roma imperial -- Adán Echeverría
Matamos a cualquier Alcalde, Gobernador, Diputado o Senador y decimos que fue el Narco... ¿Cómo no se me ocurrió antes? Entonces acá termina la reunión, se anudó la corbata frente al espejo y salió del baño. Su sombra quedó atrapada en el tiempo. Luis Ignacio trepó las escaleras del edificio del partido hacia la sala de prensa. Ahí lo esperaban los camaradas y los medios de comunicación. Entre aplausos se puso frente al micrófono.
- Se permitirá solo una pregunta por persona.
- Señor, de la prensa tal, quisiera preguntarle su postura ante los ataques que recibieron las oficinas de su partido en Aguascalientes.
- La postura es muy simple. Desde el partido estamos indignados ante la ola creciente de violencia que está sucediendo, sobre todo cuando los ataques van dirigidos hacia instalaciones o miembros de nuestro partido. Nosotros confiamos plenamente en el esfuerzo que el gobierno federal y el Presidente están realizando en esta guerra, y sabemos, así como confiamos en tener la entereza para nunca doblegarnos. El crimen organizado es una escoria social que tiene que ponérsele freno, y las agencias de investigación del gobierno federal están haciendo un correcto trabajo en detener a estos pocos, muy pocos, individuos que quieren y fomentan la desestabilización.
- ¿Nos atreveremos?
- Claro que nos atreveremos. Al final, decimos que fue el Narco, y que al ser los ataques dirigidos en contra de nuestro partido, la oposición, los otros partidos son los principales sospechosos de tener nexos con estos maleantes.
- Pero ¿valdrá el riesgo?
- Todo triunfo conlleva pérdidas. Necesario es mantener el espíritu de que nuestro partido y sus gobernantes son la única esperanza. Háganlo. - Luis Ignacio había sido tajante, entró luego al baño para lavarse el rostro, ajustarse la corbata y luego subir ante la prensa. La orden había sido dada y no había vuelta atrás.
Justo al momento de terminar de hablar sobre "la desestabilización" un disparo corrió por encima de las cabezas de los periodistas que tenía atestada la sala de juntas. Luis Ignacio cayó, herido con precisión en el hombro derecho, y segundos después, tres detonaciones se hicieron presentes, inundando la sala completa de fuego. Los gritos y las correrías crecieron unos sobre otras.
- Al final decimos que fue el Narco, y asunto arreglado. Tendremos semanas o meses de tener entretenida a la opinión pública. Los costos de una guerra siempre son altos. Que la historia sea juez.
