La navidad en Los pinos. La navidad en San Lázaro.
Queridísimo niño Jesús, mañana un enorme número de fieles seguidores del ritual que anuncia tu llegada a este planeta celebrarán contigo la alegría de que Dios se hizo carne y habitó entre sus creaturas. Hoy este México del 2011 te necesita más que nunca. ¿Cómo pretenden aquellos que se dicen tus representantes hacer que sintamos ese calorcito amoroso de que un dios está entre nosotros si muchos niños, así de inocentes como tú, tan sólo nacer han sido asesinados en una guardería, producto de la corrupción, la avaricia de un grupo de personas que ostenta el poder?
Es ahora, queridísimo dios, que uno se pregunta si en verdad un dios de amor y misericordia es capaz de permitirle a un hombre de traje, que se denomina presidente de México, gozar de la muerte de unos jóvenes de la preparatoria, y la muerte de tantos muchos otros ciudadanos de este país, que tuvieron como pecado, haber nacido en México.
Amadísimo señor, dónde está esa esperanza que dices traer, si esos mismos ministros de tu iglesia se la pasan protegiendo ante la ciudadanía el nombre y las actitudes de esos hombres y mujeres pegados al partido. ¿O acaso santísimo Jesús el único dios en México no eres tú sino el poder y el dinero que ellos persiguen?
Es por eso, señor de la muerte, Jesús victorioso, guerrero que capaz de callar a las tomentas, que te invoco para que no vengas mañana como símbolo de nulas esperanzas, sino como un gigante enojado que agita el látigo y saca a los ladrones del templo.
Si te es agradable el pueblo de México, líbranos de los partidos políticos y sus representantes. Quítales por un día el valor a sus guardias. Escóndele las armas, y hazlos ciudadanos desarmados como lo somos nosotros, y a ver si así, sin el poder que les otorga las armas, son capaces de golpear mujeres, y atacar a los jóvenes que buscan salir adelante con el estudio y el trabajo.
Esto es para ti, habitente de Los Pinos, es para ti, que paseas todos los días en el recinto de San Lázaro: no descansaré jamás hasta poder orinarme sobre tus asesinos pensamientos.
Sólo una cosa te pido, o dejas las armas, o me harás conseguir armas para que estemos iguales y en paz.
Espero que esta navidad, esas almas que has segado se levanten de la tumba y vengan a tu mente. Que la muerte no tenga piedad contigo, y agite su guadaña en busca de tu cuello. La única felicidad será mirar tu cabeza colgada de la punta de la reja en la entrada de tu residencia.
Que tu navidad, señor espurio presidente, asesino consumado, asesino de niños, sea la última celebración que puedas hacer. Ojalá mueras envenado por los tuyos. Cuidate Felipe que el pueblo mexicano que has asesinado anda en busca de tu sangre. Cuidate senador, diputado, que no supiste cumplirle al electorado. La sangre de todos esos muertos no descansará hasta mezclarse con la tuya.
Amen.
