Érase una vez una patria - Adán Echeverría
Érase una vez un país que gozaba de certeza en sus periodistas. Falso. Érase una vez unos periodistas que tenían certeza en su país. Falso. Érase una vez un falso país habitado por falsos periodistas. Unos que mueren y otros llegarán, ha dicho y dicen los que no tienen nada que decir, o aquellos a los que no les conmueve lo que los otros tengan que decir. El caso es que en este país los periodistas se mueren, sino de hambre, si de los levantotes, si de los asesinados. Los descabezaditos bien descabezados pierden la cabeza.
El caso es que sí, que unos se mueren por morirse y dicen que por eso andan diciendo la verdad en los periódicos. Pero no bastando a las "legaloides" leyes mexicanas y mexicanizadas, hasta con los de las redes sociales buscaremos acabar. Que todos los del Twitter levanten la mano. Que la levanten, que la dejen levantada. Eso, tomaremos tus pulgares y te levantaremos, porque, cómo está aquello de que el gobierno no puede, como está aquello de que si se incendia un casino, vas a venir a molestar a los pacíficos y enajenados ciudadanos con que en Veracruz está pasando lo mismo. No mi chavo, este Veracruz que hasta está en el "cante" popular de ‘Jesú de Veracrú', pues no puede estar siendo asediado por encapuchados ni rojos ni colorados, mucho menos por aquellos que osan decir que vienen a atacar marchas y luego pues no las atacan.
A mi el periodista me quiere o si no mi amistad se la pierde, dicen que dijo un filósofo cuando salía de la cantina, trepaba a su troca y se iba con sus galones de gasolina rumbo al Tec de Monterrey; que si, que no, que como diablos que no, si claro que se puede matar diputados, ya ven lo que le pasó al amigo de Socorro Sofío, que por no querer cambiar de partido le tocaron las golondrinas. Le tocaron las golondrinas, porque, como dicen desde ultratumba, no estaba muerto, hasta los ex alcaldes muertos pueden venir a firmar el desplegado que los periódicos, por unos cuantos baros, tendrán a bien publicar para acusar a Socorro o a Sofío, o a quien quiera que tengamos que desocupar.
Los diputados son como las ciudades, se debieran declarar Patrimonio de la Mexicanidad, y nada de andar matándolos. Cuídate Adancito que por ahí te andan buscando, que por que tú estás dice que dice que lo mejor será matar diputados, y que ya te está haciendo caso la parca; la parca o la puerca política mexicana, que como dice sí, dice yes, y se va para acá y para allá, ignorando a la ciudadanía y su esperanza en el voto nulo, promoviendo a unos por acá, a otros por ahí, que si Santiaguito, que si el señor Cordero, que si vino la Josefina con su cargada de Mota para cerrarle el paso a un Peña Nieto, tan bonito el desgraciado.
Que pueden morir maestros del Conafe, ya estaría de dios, que pueden morirse niños quemados, bueno no siempre las guarderías funcionan, que los piromaníacos están sueltos en las ciudades norteñas, pero en el sur, ahí sí, ahí que Sicilia se vaya con escolta, porque como ahí pasan menos las cosas, no sea que caiga del cielo alguna orden insensata; por que en el sur sólo se matan entre indios en Oaxaca, pleitos de religión y de raza, que nada tienen que ver con el narco, mucho menos con una mala política, claro que no, que como creen.
Que hay que darle seguridad a Sicilia, porque es el poeta del pueblo, pero que nadie sabe de él ni un móndigo verso, pero eso sí, jamás podremos olvidar su poemario aquel de ¡Estamos hasta la madre!, porque de ahí pues se sigue con su: Pues a ustedes nadie los invitó, por nosotros pueden irse a la chingada -dijo: carajo- ah bueno, perdón, pero es que como siempre se la pasa mentando la madre, que porque así dicen los publicistas de imagen, parece ser parte de la gente de pueblo. Y lo que dijo el Icaza, ah no, eso si estuvo rete chulo, pues eran tres taxis los que pararon en la calle de mi casa, que no dijeron nada, que no hicieron nada, que no pasó nada, pero que de seguro que fue una amenaza a mi y a mi familia, los taxis se fueron pero igual y se quedaban eh, y es que la escolta que nos pusieron esa sí que ha servido, porque aunque nadie de la marcha vio o pudo observar algo, ni a alguien intentando lastimarnos, pues les creemos a los militares, vestidos de policía, que ellos si que vieron a los malos, de ellos tuvieron noticia, tal vez les avisaron, tal vez hicieron un simulacro, ‘quesque' venían por nosotros, y nos protegieron ofreciendo el pecho como escudo, que buenos son estos policías, que buenos son estos soldados, unos mártires del amor y la paz, porque nos protegen a nosotros que insultamos a los políticos, y que no estamos comprados, nada de nada y que nada, porque el dinero que nos dan para la marcha pues es dinero del pueblo, que nos lo dan para nuestra marcha por la paz, y pues hay que retribuir, si me dicen que con escolta, pues con escolta, si nos dicen que nos escondamos detrás de ellos, porque se han inventado un ataque para que disfrute la prensa que ya anda aburrida, pues finjimos con ellos el ataque...
Érase una vez una prensa vendida, érase una vez unos periodistas pazguatos, érase una vez unos periodistas que por una lanita, su Infonavit y la fiesta de quince para sus hijos, pues servimos al poder y a los políticos mexicanos; eso sí, nos lloramos si nos matan a los nuestros, nos ‘nojamos' si nos retratan con nuestra chiquita luego de algún brincoteo en La marquesa, pero... pues... es que no supieron ceder ante el precio, y sabido es que todo todito tiene su precio...
Érase una vez una pequeña patria que se dio la vuelta y se largó y nos dejó abandonados, tirando en la escalerita, una zapatilla amartillada.
