Grito de batalla - Adán Echeverría
¡Ivonne, Ivonne, Ivonne!, publican por acá y por ahí, dicen por acá y por allá, que llegaron gritando los porros que golpearon con saña a los pacíficos ciudadanos, detrás de los cuales se escudaban renombrados panistas (vestidos de ciudadanos no vale que seamos panistas, no nos discriminen, alegan). ¡Ivonne, Ivonne, Ivonne!, y la gobernadora y la alcaldesa, de extracción priísta se quedaron en su casa, en su oficina, mirando desde su satélite, como lo hizo recientemente Obama en su oficina oval al presenciar el asesinato de Osama (esto de la gramática confunde tanto). ¡Ivonne, Ivonne, Ivonne!, la gobernadora electa, y la también electa por el 27% de los votantes meridanos, alcaldesa no cabían en sí mismas: ¡Pero qué idiotas, cómo se atreven a gritar nuestros nombres, acaso son tan bobos!
Y es que habría que ser bobo para que me paguen por golpear a alguien y correr ante las cámaras de televisión y decir: jajajaja, vine a pegarte de parte de la gobernadora, vine a pegarte de parte de la alcaldesa. No soy panista, lo juro, mejor perro, soy un soldado rojo, de la ola roja, verdaderísimo priísta que vengo con mi ropa priísta, y mi cara de priísta a pegarte en nombre del pri. Pensábamos sacar un comunicado como lo hace la ETA, o lo hacia Sendero Luminoso, o el IRA, para adjudicarnos el atentado, pero a Carlitos se le ocurrió que no, que mejor llegáramos gritando Ivonne, Ivonne Ivonne, para exculpar a la alcaldesa, porque si ésta última nos hubiera contratadazo, entonces deberíamos llegar gritando Angie, Angie, Angie, y no Ivonne, Ivonne, Ivonne, como acabamos haciéndolo, y como con certeza y total transparencia a publicado en su edición del domingo el Diario de Yucatán. Porque los del diario de Yucatán, jamás inventan nada, ahí está como dijeron que les habían pedido dinero en Campeche, para comprar su silencio, pero nanay, ellos, los del Diario de Yucatán que jamás han hecho una tranza y son la verdad y la vida no se dejaron corromper. Si Jesucristo reencarnara sería panista y publicaría el Sermón de la Pirámide en el mismísimo Yucatán. Bueno quien sabe, como se dice que su padre no fue José sino un tal espíritu Santo, pues quien sabe, porque hay líneas editoriales, y no se publica lo que los gays digan, y mucho menos si alguien de dudosa parentela, nada de hijos naturales, hay que consagrar a la familia... pero bueno, en qué íbamos, ah sí, en que claro que nos contrató Ivonne, que nos contrató el Pri, fue muy claro, llegamos gritando ¡Ivonne Ivonne Ivonne!, y como ese tal Vitelli dijo que "Apaguen las máquinas o se arman los madrazos", pues los madrazos tuvieron que armarse. Por eso gritamos Ivonne Ivonne Ivonne, para que quedara claro que el Pri nos había enviado y nadie más.
