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La Coctelera

Perversiones de Hombre Ave

Se dejará sentir la oscuridad de esta mente: Adán Echeverría en la distancia de sí mismo.

23 Septiembre 2011

De santificar las fiestas - Adán Echeverría

Con mi cara de ataúd
y mis mariposas viejas
yo también me hago presente
en esta solemne fiesta.
Nicanor Parra

No comulgo con aquellos que desprecian las religiones sólo porque así parecen más bravos y se sienten más listos. Pero si estoy en total acuerdo de que cada quien crea o no crea en lo quiera. Lo triste es que muchos de aquellos que dicen odiar las religiones, o en especial alguna de ellas, no sean capaz de leer la literatura religiosa: la Biblia, el Corán, El Libro de los Muertos, el Libro de Mormón, y esto me parece de una imbecilidad enorme. Todavía logro sonreírme con ternura cada que escucho a uno de estos imbéciles decir: decían que en el cielo estaba dios, pero el hombre ya llegó al espacio, y nada de dios; es pa morirse de risa, o aquellos pendejos que señalan: soy evolucionista, así que tendrías que decirme de qué dios evolucionó tu dios. Es para darles de zapes, por tarados. Ya lo dice el dicho: el doctorado no quita lo tarado. Por más estudios que uno tenga, más se dará cuenta lo ignorante que se es, quien piense que tiene todo a su favor, no es un sabio sino uno soberbio, su cola le pisen. Por eso admiro a esos que hablan de "su poder superior", y que cada quien se defina.
Aún vibran en mí las palabras de una amiga que quería ser vegetariana y despreciaba el catolicismo, de ahí partió hacia la necesidad de ser budista; me convenció para que la acompañara a un Centro Budista. Acepté con gusto y ella me comentó que jamás había ido, pero que las amigas, aquellas con las que pasaba horas de café hablando del vegetarianismo, y de las mejores religiones, -como si se escogieran en el Palacio de hierro- le hablaron de ese lugar. Sólo llegar vi montado el mismo puto circo de siempre. El oficiante arriba y los asistentes (feligreses) en la asamblea, ajá me dije... en las paredes en vez de las estaciones del vía crucis, había retratos, escenas de deidades, imágenes de sus creencias. Música para entrar en ambiente, hasta algo como un misal nos dieron. Una mujer ataviada de vestimenta naranja (perdonen que no use su vocabulario especializado para describirlo, no lo conozco, pero no importa), o sea, la única con disfraz, como los sacerdotes y sus atavíos, se trepó, se puso en posición de flor de loto, y pidió hacer oración, cantó siguiendo el libro, habló y discernió sobre el tema del día (homilía), es decir, todo fue igual, igual, igual. ¿Cuál diferencia? Si quieres dejas unos pesitos (la limosna), si quieres llevas a tus hijos (el catecismo), y uno en verdad que se pregunta, qué simples somos los seres humanos. Mi amiga salió encabronada, ella miró diferente: "Te fijaste, son puras lesbianas, todas rapaditas, se inventan su monasterio en su religioncita, para justificar su vida, ¿cómo si en estos tiempos fuera necesario justificar algo? Pero qué hipócritas".
Lo importante, añadí, es que si con esto se sienten bien, pues que lo hagan, basta con que tú no participes. Y así veo las cosas. Lo terrible es cuando desde las jerarquías de cualquier religión pretenden atacar a la sociedad. Me causan tristeza esas personas que acusan a los abortistas, o aquellos que azuzan a los jóvenes para que aprueben el matrimonio, desaprueben el aborto, aprueben esto, denigren lo otro. En esas ocasiones, cuando quieren obligar, influir, inclinar la balanza, es cuando hay que estar preparados.
Lo mismo sucede en los partidos políticos, como secta al fin, y en cualquier otra agrupación de seres humanos. Somos de una simpleza. Los que practican escultismo, pretenden que todos lo practiquen, los que practican deportes, todos los demás son unos cerdos huevones, los que narran el futbol, hablan de que Valdano es una biblia de saber, los que odian el deporte de las patadas, dicen ¿quién carajos es Valdano?; los que practican yoga, hablan de que todos los que no lo hacen tienen problemas de salud, ira y control mental por no practicarlo. Los vegetarianos llegan a rayar en un fanatismo terrible, son capaces de despreciar al pobre campesino que mata a un venado. Los conservacionistas son de lo peorcito. Me tocó verlo en una ocasión, llevaba a un grupo de voluntarios ambientales, y un campesino salía de su día de caza con un venado atado a su bicicleta, los muchachos le gritaron: ¡asesino!, ¡asesino!, poco faltó para que lo apedrearan.
Que cada quien sea y crea en lo que quiera, pero dejemos al otro en paz. Muchos compañeros homosexuales hablan de: ay Adán, como sabes que no te gusta si no lo has probado, todos los varones acaban siendo homosexuales, te dices muy liberar pero te aferras a las vaginas sin siquiera probar, eres un hipócrita Adán. Y díganme, esto no es algún tipo de violencia.
No podemos pasárnosla despreciando al otro. Así pasa en la política, si no eres de algún partido eres un imbécil, retardado, que no tiene valores, que solo busca destruir los logros de la revolución y no se cuanta pendejada se les ocurra. Pero si uno se apropia de aquel Haz patria, mata un chilango, que surgiera en los 80's como respuesta a la emigración que ocurriera hacia otras ciudades, huyendo en algo del sismo del 85 que destruyera parte del DF, y escribe un ¡Haz patria, mata a un diputado!, te acusan de cobarde, de falso, de retrógada, de incitar a la violencia, de pendejo, porque y chequen nomás su argumento: "bien que empujas al pueblo, pero tú no tienes el valor para matar al primero", y son de una mente tan obtusa, tan lenta, tan poco creativa, que no ven en la frase una resistencia, tan real como que hay que luchar por darse cuenta e intentar comunicar a los demás, que el día que los diputados, senadores, gobernantes, tengan miedo de ser linchados por el pueblo, entonces, ese día, lo van a respetar, y se pensarán mejor las cosas para la sociedad.
Son fanáticos que buscan algún nuevo dios, fanáticos del futbol, de la religión, de los partidos políticos, de la ciencia, de la tecnología, de la literatura. Estos son los peores, aquellos que dicen: todo aquel que no lee libros, es un tonto, es un imbécil. ¿De qué sirve leer muchísimos libros? ¿Acaso te hace mejor ser humano? Y la respuesta es simple, sólo te hace mejor con respecto a ti.
Así las cosas, no se trata de lo que son las religiones, o las agrupaciones humanas, si algo es bueno para ti, hazlo. Es por eso que uno tiene que ser conciente, sobre todo cuando entre las cosas que se predican habría que ver cómo se actúa.
No dejo de reírme cada Semana Santa, al recordar aquello de la Educación es Laica, que dicen y redicen por México. Pero se disfrutan vacaciones de Semana Santa, de Navidad, y no hay clases ni el día de la virgen de Guadalupe, y tampoco el día de los Santos Reyes. Y me causa más risa cuando aquellos que se nombran Ateos, que odian a las religiones, exigen, demandan, sus vacaciones de Semana Santa y de Navidad (llamémosla como debe ser, vacaciones de primavera y de invierno, así como tenemos las vacaciones de verano, carajo, solo se tiene clases entonces durante el otoño en este país, pero qué esperanza).
De todo lo que hables, entonces hay que llegar al fondo, hay que documentarse sobre las religiones, así como sobre la política, y su respectivo santoral. Hay que aceptar, que como mexicanos, tenemos que Santificar las Fiestas; entre ellas las fiestas patrias.

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Mérida, México
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Contador Gratis Mérida, Yucatán (1975). Integrante del Centro Yucateco de Escritores, A.C. Realiza el Doctorado en Ciencias Marinas en el Cinvestav del Instituto Politécnico Nacional - Unidad Mérida con una beca del Conacyt. Biólogo con Maestría en Producción Animal Tropical por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Ha cursado además el Diplomado en Periodismo, Protocolo y Literatura (ICY, CONACULTA-INBA y Editorial Santillana, 2005). Por su obra literaria ha sido considerado en el Diccionario Biobibliográfico de Escritores de México que realiza la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ha publicado los poemarios El ropero del suicida (Editorial Dante, 2002), Delirios de hombre ave (Ediciones de la UADY, 2004), Xenankó (Ediciones Zur-PACMYC, 2005), La sonrisa del insecto (Tintanueva ediciones, 2008), y Tremévolo (Ed. Praxis – Ayuntamiento de Mérida, 2009); así como el libro de cuentos Fuga de memorias (Ayuntamiento de Mérida, 2006). Compiló junto con Ivi May el libro Nuevas voces en el laberinto: Novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975 (ICY, 2007), y con Armando Pacheco la compilación electrónica en Disco Compacto Del silencio hacia la luz: Mapa poético de México. Autores nacidos en el período 1960-1989 (Ediciones Zur y Catarsis Literaria El Drenaje, 2008). Participa en los libros colectivos Litoral del relámpago: imágenes y ficciones (Ediciones Zur, 2003), Venturas, nubes y estridencias (ICY-INJUVY, 2003), Los mejores poemas mexicanos. Edición 2005 (Fundación para las letras mexicanas y Joaquín Mortiz-Editorial Planeta, 2005). Becario del FOECAY (2003), del PACMYC (2004), del Programa “Alas y Raíces a los Niños Yucatecos” (2005), y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) categoría Jóvenes Creadores en la disciplina Novela (2005-2006). Es Premio Nacional de Literatura y Artes Plásticas El Búho 2008 en poesía, Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos, convocado por la UADY (2007). Ganador del X Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2008 (convocado en 2007). Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara (2002). Mención de honor en el Premio Nacional de Cuento José Amaro Gamboa, convocado por la UADY (2004); Mención de honor en el Premio Estatal de Poesía José Díaz Bolio (2004). Mención de honor en el Concurso Nacional de Cuento Carmen Báez (2005), de Morelia, Michoacán.

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