Los ideales... siempre los ideales ... Adán Echeverría
En resumen, yo lucho solo contra el Gobierno y su montón
de tribunales, gendarmes y presupuestos, arrollándolos a todos.
Honoré de Balzac.
Enamorado de las letras puedo decirlo así: un día desperté y supe que mi única meta en este mundo en el que me desenvuelvo como ser humano, mi única razón para seguir vivo era simplemente dejar huella. Alguna vez un compañero me dijo: hay gentes que pasan, gentes que ven gente pasar... ¿tú dónde estás situado, eres el que mira a los demás pasar, o eres de los que pasa? Esa mañana me di cuenta que mi meta era demostrarme, ya que es una vanidad terrible pensar en demostrar a los demás, que este país que me recluye, me dio cuna, educación, historia, amor a la patria, héroes, cantos, poemas, magia, humedad, asma, novias, orgasmos, hijos y amor, este país que se llama México ha sido devastado por los partidos políticos y sus militantes.
Revisando y revisando libros de política mexicana, anecdotarios, ideas que van entrando como eslogan de campaña, en los medios impresos, y hasta el hartazgo, se que mi desarrollo vital es ir en contra de todo gobierno, ser su oposición, situarme en el lugar acusador, tomar el dedo, el más grande y señalarlos, y de frente: Es la partidocracia el freno para este país.
Fuimos colonia durante 300 años, y tenemos apenas 200 como país independiente, pero ¿de qué independencia hablamos? En el siglo XIX las guerras de independencia, de reforma, los dos imperios, en el siglo XX, la revolución mexicana, la matanza cristera, las guerrillas, las dictaduras anticomunistas, el zapatismo del sureste, el epr. ¿Cuál país en paz? ¿Cuál sociedad resuelta? ¿Cuáles mexicanos independientes?
Uno siente vergüenza de los burócratas, de los militantes partidistas, de los comunicadores, de los que se asumen de izquierda; uno se queja de cuánto programa de gobierno se implemente para bien o para mal, uno se aporrea contra la pared de sus propias vanidades. Se nos dio la luz de la educación, se nos dio la libertad y no sabemos qué hacer con ella. Tenues hilos nos toman del bolsillo, como títeres de la partidocracia. ¿Acaso esa fiesta democrática no nos reduce a ser únicamente carne de votación?
¿Qué caso tiene el insulto, el monito en los periódicos en contra de los políticos? Lo que se hace necesario es ignorarlos. No participar con ellos. Expulsarlos de nuestro intelecto. Pero, eso sí, seamos honestos, no nos son necesarios pero ahí están, sepamos lidiar con su hasta ahora presencia, habrá que abusar de ellos. Si te ofrecen una beca, tómala, un trabajo, cógelo, una oportunidad, no la desaproveches, pero eso no debe comprar tu silencio. Beneficiarte es su obligación, pero no sólo a ti, es la obligación de los políticos para todos, malos y buenos, negros y rojos, transparentes y confusos, diversos y apocados, maloras y vehementes, linchadotes y rateros, futbolistas y poetas.
La partidocracia debe existir para servirnos, su mote de servidores públicos lo anuncia. ¿Cuál es el ideario entonces de decir, Señor Gobernador, silencio, silencio, va a hablar el Señor Diputado? Son nuestra servidumbre. Exijamos pues.
Yo soy un convencido de que a esa gentuza hay que azuzarla pa que trabaje, arrearlos para que cumplan, que nunca celebrarlos. Necesitan un buen susto, habrá que dárselos. Nada de traigan a las putas para el señor diputado. Las putas para todos y todos para la más buena.
El respeto, queridos míos, se gana no se mama. Yo respeto a los pensantes, a los que ofrecen algo siempre, investigadores, músicos, analistas, deportistas, ajedrecistas, cantantes, poetas, creadores, fotógrafos, periodistas, albañiles, maestros, amas de casa, coristas, bailarinas, campesinos, obreros. Necesario es respetar a todo aquel que cumple con su trabajo, que pone su esfuerzo, que lucha siempre, que no se queda callado.
Pero no respeto jerarquías, no le aplaudo a los políticos, les escupo; me burlo de sus idioteces, me burlo de su manera de sentirse artistas del medio del espectáculo. Hay que exigir y siempre.
Un día me desperté y fui claro conmigo. Así me maten jamás dejaré de hablar sobre lo mal que me caen los militantes partidistas, jamás dejaré de despreciar a los partidos políticos y sus seguidores, esos porristas de pacotilla. No me inviten a sus fiestas, no me saluden en los cafés, yo digo con el poeta: Las fiestas no se hicieron para mi.
Porque si me invitas, si me buscas plática, acabaré hablando siempre de lo mal que me caen los partidos políticos, y tú dirás hasta el cansancio, alguna idiotez como esta: en las reuniones no es bueno hablar ni de política ni de religión, y yo me burlaré de ti, te diré que pareces tarjeta de hallmark made in tepito; que no tienes creatividad, que no eres original, que por gente como tú, que no le importa el otro, los partidos políticos siguen siendo la corte de esta Monarquía disfrazada de democracia que rige los destinos de este país, y tú te enojarás.
Por eso, mis amigos, No me inviten a sus reuniones, ni a sus marchas, ni a sus protestas, ni a sus encierros. Convencido estoy de que tengo un ideal, y hacia él caminaré; hacia convencerme día a día y con hechos de que mi deseo más grande es ser Oposición de todo gobierno.
No tengo intención de convencer a nadie. A mis discípulos los desprecio, dice el filósofo, no llego a tanto, pero es el espíritu; que cada quien encuentre sus sueños, sus ideales, y vaya hacia ellos. Quizá en el camino demos algunos pasos en comunión. Quizá debatamos, que en el debate nunca existe ganador, sino son las ideas las que van de un lado a otro, pringándonos de verdades (si se permite el verbo), y cada quien tiene la libertad que mejor le cuadre.
Somos lo que leemos, lo que escuchamos; estamos formados de la materia de los sueños de otros miles que antes se han detenido a pensar. Hoy, a mis 36 años lo aseguro, tengo un ideal y mi destino es alcanzarlo, cuésteme lo que me cueste.
