Ella pasó a buscarme a la oficina ... Adán Echeverría

Con tanto sol no hubo mejor sitio para pasarnos las manos que dentro del mar.
Corrimos hacia la espuma.
Y en la espuma nos corrimos el uno dentro de la otra.
Y es que en el oleaje uno puede distraerse tanto de las formas violentas que han querido separarnos.
Ella que se somete al sol y deja el cuerpo siempre presente siempre presente.
Sus negros pezones y las plantas blancas de sus pies.
Cómo me gusta mirarla cubrirse la desnudez con los granos de arena.
Si al final del día ella hubiera significado algo. Seguro estoy que el sargazo me lo hubiera dicho.
Quedar atrapado entre sus piernas y con el vientre ir golpeándome el ombligo.
Ah esas sus piernas tan líquidas, y la hermosa sal que nos calcina.
