Qué de honor tiene el suicidio
Ahí está mirando los papeles. Sentado dentro de la noche. Las letras bricando hasta sus ojos, humedecidos ya. Quizá el sereno, la neblina densa que ha venido, toda, a mojarle las espaldas. Levanta la cara, brilla la corteza del árbol con la luna. Esa luz que va descubriéndo sus facciones. Qué distinto era el espejo donde se reflejó momentos antes.
Pocas horas atrás en la puerta de casa de ella. La fuerza marcada en partes del rostro de la chica lo decían todo, la postura que tenía, y hasta su respiración. Los labios apretados, los ojos limpios de sinceridad. Y ha sido toda la ciudad la que le ha caído encima con la noticia. Romper es una caricia punzante y muchas veces necesaria.
Fueron muchas calles las que tuvo que recorrer para llegar a casa. Mirarlo todo detrás de esa acuosa verdad que le cubre los ojos y no puede contener. La respiración recortada, recortada y lenta. El pecho le duele, le duele la sien y no sabe dónde va dejando su estela en esta caminata. Ya en casa logra llegar a su habitación, descalzarse los pies, sentarse en el colchón de la cama, dejarse caer hacia atrás y saca de sus bolsillo los papeles. Sabe que necesita leerlos pero solloza y se contiene, mas bien, se le imposibilita la lectura. Se ha desmoronado.
Es él en el espejo. Ahí, la mira pálida. ¿Es él en el espejo?
Pálida, pálida, la muerte va recorriéndole la carne con un dedo blanquísimo.
Y acá está, junto a la fogata que ha hecho con los papeles que ella le ha devuelto. Acá está, detenido bajo la luz brillante que desprende el árbol. La humareda le va ardiendo en los ojos. Sabe que no se matará. Sabe que todo se ha consumido en el fuego. Ahhh, el fuego que lo puede todo hasta cicatrizarnos.
Un pájaro cruza la oscuridad .
Él sigue dentro de la noche. Devastado va quemando hoja por hoja los papeles que van cayendo de sus manos cual si fueran de plomo.
Bebe de a poco sus lágrimas que le salan los labios. Todo el moquerío que le va escurriendo de a poco.
El ave detenida en el árbol.
El humo anunciando el final, todo final, de la relación, de la noche, de las lágrimas, de la historia, de las letras marcadas en las hojas.
Las flamas mirándolo calmarse.
Se presiente que en cualquier instante puede amanecer.
