Precipitado amor
El corazón y el silencio
esos tumbos que se apagan
en el pecho
esos tumbos y esos tambos en la mente
eso de reciclarse nos va y nos viene
y vamos y venimos como las estaciones
así estacionados en la niebla
en el no poder mirar carreteras afines
vidas
miradas que ya no pueden disculparnos
he matado y me han matado
las lunas carniceras que se llevaron labios
los dientes perdidos en que nos fuimos acabando las pastillas
tanta línea pálida y las pastillas
y las carreteras
y el silencio
y ese tumbo
acá dentro
ese tumbo que no deja de ser significante
o un sollozo
de alegría
de maldad
de ojos rojos trepados en todas las piernas
o esas muñequitas que tantas veces me dieron su rencor
o esas muñequitas que tantas otras me dieron su lengua
sus amígdalas equidistantes
y el silencio
el silencio en que nos quedamos a comtemplar las hojas
de los árboles caer
porque tú caías
y yo era el caño para recibir tus días de odio
era el cañón apuntando en la sien
la línea pálida
el agujero ardiente y la heladez del arma
o el arma del molusco siempre tan abierto
tan revuleto el arma
y esa decadente distancia que hay entre nosotros
porque la luz es una y no está conmigo
y no está la luz
pero sí la sonrisa abierta
sí la noche
sí la furia que nunca puede abandonarnos
me miro quieto
con las piernas dobladas sobre el pecho
y la mirada fija en las estrellas
el corazón doliéndose
y doliendo tu mirada dura
recia tu voz
agrias tus caricias
leves tus gritos
¿o era esta sordera?
¿y tus lágrimas?
qué me dices de tus lágrimas y del dolor en el vientre
qué del arma que apuntaba mi costado
el maldito costado de agua y sangre y agua
y la niebla
este recordar tu voz que fue apagada por el golpe
por el brillo
por la bala
y tantas líneas en que se nos van los minutos
esta alegría de tenerte cerca
o la distancia en que tu voz se hacía cada vez más leve
queda el silencio
el corazón la niebla
la caída de las hojas
queda la sonrisa abierta


Tanayita dijo
Que depresivo...
17 Abril 2009 | 06:01 AM