Qué infantil eres...
... dicen las niñas, mientras van cantando su ronda los serenos, y ellas brincan despacito sobre las puntas de los pies, sobre las puntas de los senos, sobre las rodillas, sobre los muslos, agarradas bien del glande... Qué infantil eres Adán Echeverría, con tu dedito en la boca y ese mismo brincoteo que tantas veces nos absorbió los pensamientos...
Qué infantil eres con tus cuentas de vidrio en los omóplatos y ya no hay disparos fuera del calendario, más que el viento que tira algunos espectaculares, dos taxis aplastados, tapada una salida del metro y no hay lugar para nuevos amores, los amores siempre están de paso
Qué infantil eres Adán Echeverría colgándome el teléfono en esos arrebatos de tus humores de hombre viejo asomado a tanta lagartija de sueños enarbolados en la lengua... La lengua que se nos ha quedado seca de tanto recordarse la palabra a, m, o, y alguna otra que nunca logró adentrarse.
Lo infantil amigo mío es la muerte. Lo infantil es mirarla desde los ojos amarillos, la quijada colgada, el líquido haciendo girar las pupilas: Archie, soy Adán, estate tranquilo, no te preocupes ya y descansa.
Lo infantil es la muerte y este hombre-toro que estuvo tantas noches sacando tiburones del mar ahora está luchando en el hospital el abandono, una niña en la playa y una esposa llena de dudas y quebrantos.
Y el grito y el insulto en la sobredosis del agonizarse. Y que nadie nunca se ha preocupado. Y acá estoy siguiendo la huella de tu barca. De nuevo la temporada de aves migratorias, y cazando a los cazadores que andan sin licencia por la reserva delPalmar. Qué han hecho de ti los años. Qué nos han hecho con esta muerte espulgando nuestros huesos. Oh tu maldito viejo lobo
Se que tu risa era de burla, yo lo sé, te he conocido. Tú me enseñaste alguna vez a mirar como cambia la playa con el paso de los días. Como se acerca la marea y se pueden encontrar los rastros de las tortugas, encontrar sus nidos.
Estás en el limbo ahora, quizá puedas descansar pronto, querido amigo, maestro de la noche.
Acá estoy esperando esta muerte junto a ti, acá de lejos te miro partir hacia nuevos horizontes, hacia nuevas ropas y nuevos ventarrones que empujaran nuestros horarios hacia un mismo grano de arena, en que ahora quedas inmerso.
Sí, lo soy, siempre he sido tan cobarde y tan miedoso como los murciélagos, aletazo y aletazo bogando entre la densa noche. Qué infantil eres Adán Echeverría, pedazo de historia, rastro de sangre en las paredes.
Ábreme tu cráneo, tú, Adán Echeverría, ábreme tu cráneo para que pueda sacar de ti todos esos ojos, con los que nunca me miraste durante los besos.
Ábreme tu cráneo; ahora piensas replicarte dentro de otros ojos, dentro de otras noches, dentro de la muerte en que te cuelgas, inseguro, siempre tan inseguro, a pedacitos como siempre has estado.
