La sequedad del tiempo
hoy me he dedicado a andar en cueros, la vida es tan insulsa en estos momentos... no tengo idea ya del número de cigarrillos de mis Raleigh (de vuelta a lo básico), pero se que hasta la voz me está cambiando... no se, tal vez sea un poco más la cobardía... En la mañana los mensajes de la noche me esperaban... una vecina que pasaba muy tomada, casi arropada por sus cuatro hijos... mi hijo que se la cae encima la resbaladilla... el ojo morado... mis cuentos (a que perversiones sin sentido se me forman)... de una vez agradecer la llegada de la Revista Opción, en sus más recientes números... rico leer sobre La doncella de Orleans... todo el día anduve con un juguete de mi hijo en la mochila... hubo épocas en que andaba con condones, pero la vejez está cañona... eso de poder decir: hace 20 años... ya estoy entrando en esa edad en que a uno el tiempo se le seca... y no que se le escape de las manos, el tiempo nunca ha sido líquido... sino es polvoso como los desiertos, y de la misma manera se te escurre... vendrán nuevas tentaciones... Acá, desde esta Mérida, cuyo festival se ha convertido este 2008 en el festival de los homenajes... hasta Jaime Chabaud será homenajeado, yo me pregunto, ¿será que de las comunidades mayas de esta planicie kárstica alguien ha leído alguna de sus obras de teatro?
pero bueno, que con su pan se lo coman... por ahí andaré visitando a las estrellas, a ver si una estrella se sube conmigo, o nos montamos en la estrella hasta hacer Big Bang Big Bang y cuantas poluciones extras... el caso es que acá sigo en cueros, con las manos húmedas y el talco de la noche por inhalarse... hay que mantenerse despierto a como dé lugar... ella lo sabe... y así lo espera... ella mi ella de aquelarres, acá estoy dentro del humo... con los ojos también secos de tanto recordarse... o volverse humo por estar mirando tanto las estrellas, en estas noches calurosas de enero de 2008, recapacitando en las relaciones, en la voz en el teléfono, en el telefoto, en la fotografía, y en tantos contraluces donde uno siempre puede viciarse de repente... hay un sin sabor a cuestas y el hormigueo siempre entre los labios... me voy quedando solo, con el sabor amargo de la realidad... se que soy el hipócrita de siempre, y esa mi cara de mono sabio que siempre me miro en el espejo... Padre, cuate, hay que saber cuidarse de tanta impostura, de tanta magia y tanta niña confundida que luego uno se encuentra por la calle... ayer pasaba una persona alcoholizada por la puerta de mi casa, y sus cuatro hijo que apenas la ayudaban a caminar para llevarla a casa...
