Unicórnico vago vago vago
Lo sabía, lo supe, siempre estuvo ahí: esa inconsistencia, esa falta de pisar el suelo, el sueño, la porquería en que nos hemos devuelto las orejas sobre los pistaches que se corren cada día sin amoríos ni disolvencias.
Lo sabía, siempre ha estado ahí tu catarro abismal que todo me lo impide; esa gloria en que renuevas los pantalones como las sonrisas: Hoy te quiero a tí, hoy lo quiero a él, hoy te quiero a tí, hoy lo extraño a él, de ti marín de do pingüé, cúcara, mácara, títere, y sí.... hay momentos para burlarnos y ser brillantina nueva.
Ábreme las piernas puta, que ya ha salido el sol del medio día.
Ábreme las piernas zorra, que todo se nos ha corrido yasobre el almuerzo.
Ábreme la herida saurio, que el día se nos limpia suavecito en las braguetas.
Y es que ella se la había comido todita mientras yo irradiaba alcohol por la cintura de mis traumas. Ella llegó, con sus máquinas en al abdomen, con sus cintas canelas y los cinturones herméticos, y me llevó al baño, arrastrándose mi borrachera, me bajó la bragueta, y con sus labios de diesciséis, se la metió en la boca, todita estuvo paladeándola sin voltear a verme, hasta que alguien golpeó en la puerta y me tiró sobre los camiones hasta dejarme como el charco que era, en la puerta de mi casa.
Hay que ver como vienen los escorpiones a jugar con mi ceniza.
Hay que ver como bailan los iguanos sobre las piernas de mi honra.
Hay que ver como secan los cadáveres sin tanta plastilina en las muñecas.
El roto, el roto, el automóvil de mi alma, todo se ha ido al drenaje de mis percepciones.
Camino a casa, las palomas sangraron un poco de disculpa: Disculpe usted que no le haya pedido más almendras, pero él me encanta todo el tiempo, y si no te extraño, es porque lo extraño a él con el fondo de mi vestido de niña quinceañera.
La verdad nada hay en el cielo que pueda acitronarme los labios, ni puede volcarse mi nata sobre tu recuerdo.
Hay una voluntad de no reconocerse ni siquiera en las páginas pornográficas ni en las escuelitas de futbol, y menos sobre los poemas que cada quien se inventa sobre su cada cual, o sobre cada remolino que somos dentro de las sombras.
Hay mi corazón, lo sabes, lo supones, no puedes negarlo, está escrito con la claridad de los eclipses: ¡Abajo sólo margaritas crecen!
