Apuntalar la ruta que nos define
(Más de 13 años de la revista literaria Navegaciones Zur)
El acto de creación literaria debe concebirse como un acto de arriesgarse. Este es el punto de partida en el que he vivido para representar mi formación, correr los riesgos de presentar la obra ante el público, un acto cotidiano de violentarse a si mismo, desnudarse, entregar la voluntad (casi como una especie de salto mortal, del que más de una vez sales con moretones al espíritu), ser el punto honesto de cualquier representación de tus propios demonios, fantasmas y peticiones de auxilio en esta sociedad que nos demarca y nos da forma.
Como seres sociales, comunicarnos es una permanencia. Vincular el espíritu y ser círculo y cuadratura de un rostro que se difumina en todos los personajes, hablantes líricos y pretensiones que nos avisan que estamos vivos, que estamos destinados a recrearnos continuamente en las letras. Así me percibía en 1997 cuando conocí la revista Navegaciones Zur en las librerías de la muy calurosa ciudad de Mérida (la de Yucatán). Miré desde ese punto fijo del aparador de la librería el trabajo de mujeres y hombres que se entregaban a la distancia del ojo
lector, que se mostraban, por medio de sus creaciones sus vivencias, sus sombras, sus claroscuros cotidianos, sus contrastes retroactivos, y me sentí imbuido en el reconocimiento de las voces que brindaban, ese signo de libertad que toda obra representa. Alguien me comentó en una ocasión: toda obra presentada en un taller o para una revista, es una creación que merece respeto, antes no existía, y alguien (alguna mente) le dio forma en esta hoja en blanco. Y creo en esa verdad.
El pensamiento, esa libertad del ser humano, de ser persona, aspecto y derivación, en este mundo que continúa avasallándonos, nos permite encarar la realidad desde la ensoñación que percibimos. No hay mayor oscuridad que la de no encontrarse en el hablar cotidiano, y no representarse signo y remolino de ideas. Aunque siempre haya necesidad (por lo menos en mi caso) de negarlo todo como principio, el raciocinio que brinda el ensimismamiento, nos permite reconocer nuestros rostros en las lecturas de otros.
Desde aquel 1997 revisé una y otra vez ese ejemplar de la revista literaria del Centro Yucateco de Escritores (CYE), en la cual figuraban textos de Sergio Salazar, Roberto Azcorra, Carlos Martín, Jorge Pech Casanova, Roger Metri, Cristina Leirana, Jorge Lara, creadores todos de la región, y me grabé en lo hondo del espíritu unas líneas de la editorial de aquel número 18 (el primero que cayó en mis manos, fechado noviembre de 1997) “…aprovechamos en este número de Navegaciones Zur la oportunidad de conocer esos pensamientos generados en las tierras yucatecas…”; yo quería conocer a esos escritores, los admiraba y los admiro, quería ser parte de ese mundo, conocer sus distintos universos; diferentes exigencias y formas de mirar (los ojos siempre como filos) a los que encontraba en la colonia o la escuela, y decidí que tenía que atrapar a estas personas, atrapar sus ideas; parecían inalcanzables para mi mente de 17 años; comencé por observarlos, ahí, en las páginas de la revista. Luego supe se reunían a leer sus trabajos en un café del Paseo de Montejo, el ya desaparecido “Oro Verde”, y decidí ir a enfrentarme a estos demonios, estos seres que sin pudor (el arte no tiene moral, lo sabemos) ni desenfado iban generando una historia literaria en la ciudad de Mérida de la que yo quería formar parte, diferente a la que se conocía hasta entonces (y lo sigue siendo).
Ahí estuve algunas noches sentado, consumiendo alguna cerveza (Mérida la calurosa y húmeda, siempre se presta para intentar refrescarse), nervioso, con ansiedad, mientras iban llegando con lentitud, pero con espíritu de determinación, autores como Melba Alfaro, Ena Evia, Jorge Lara, Saulo de Rode, quienes más adelante serían maestros y a los que les debo correcciones y jalones de oreja (o de versos) sobre mis obras incipientes.
Una vez conseguida la licenciatura y luego de haber terminado con mi primer matrimonio (en el año 2000) tuve oportunidad de asistir a un taller de creación literaria del maestro Roger Metri, y desde entonces me he sentido unido al Centro Yucateco de Escritores, A.C., primero como participante del taller, y luego de conseguir algunos logros (Premio Estatal de Poesía Joven Jorge Lara 2002 y la publicación de mi primer poemario El Ropero del Suicida) se me invita a trabajar en el diseño y armado de la revista, y a ser integrante del CYE, constituido desde 1990, que obtuvo su legalidad como asociación civil el 1 de enero de 1993, cuyo objetivo primordial es contribuir a la profesionalización del quehacer del escritor y a regenerar la cultura nacional mediante la difusión de la literatura creada por autores locales y de la periferia, cuyas actividades permanentes incluyen, junto al funcionamiento de un Taller Literario abierto a la comunidad para la formación y el desarrollo de nuevos valores, la publicación de la revista Navegaciones Zur (desde 1993) y títulos amparados por el sello Ediciones Zur.
Sentí que mi búsqueda daba frutos; de admirar el trabajo de los escritores que revisaba, ahora tenía la oportunidad de participar en la elaboración de la revista, paladear los textos, definir los estilos, las columnas, revisar cada acento, cada coma, incorporar las imágenes, y sobre todo, comenzar a recorrer uno a uno las personalidades de los autores yucatecos, así como de los colaboradores nacionales e internacionales que envían sus textos (sus creaciones), platicar con ellos vía correos electrónicos, y saturarme las noches del trabajo de edición.
Y desde el número 30 (del 1 al 29 se encargaron Reyna Echeverría, Jorge Pech), y hasta el más reciente número
Sigo disfrutando la emoción de verla publicada cada tres meses. Mantengo los contactos al enviar los ejemplares a los autores que han colaborado, y claro, me siento orgulloso de lidiar y agradecer la crítica sobre mi trabajo, sobre los contenidos, sobre la revista toda, sobre el mismo CYE. Existimos y crecemos.
Navegaciones Zur es un espacio de difusión para la creación literaria de jóvenes y experimentados escritores de esta península yucateca (esta planicie kárstica) y allende las fronteras (del estado y del país).
El reflejo de las voces impresas en esta revista ha tocado los temas que van desde el erotismo, el terror, la literatura para niños, la literatura en lengua maya, la migración, la actitud ante la muerte y su belleza como signo, el viaje interior que a todos nos ocupa, el miedo del hombre, la ciencia ficción, y muchos más; temas todos que siempre han preocupado al hombre, marcando un punto claro en la historia peninsular, así como en el bagaje nacional de la cultura. En ella aparecen poesía, narrativa, ensayo, dramaturgia, crítica de arte, traducción y artes visuales.
Sobran las anécdotas sobre la revista: desde la inclusión de un texto, hasta entonces inédito de José Saramago, a quien nuestro compañero Sergio Salazar tuvo la oportunidad de conocer, cuando asistió a una charla del maestro portugués en una universidad española, donde se acercó para saludarlo y aprovechar hablarle de la revista; el maestro con su gentileza le entregó el texto para que lo publicáramos.
Igual hemos sabido apreciar las enseñanzas y el apoyo que tuvo para la revista, el maestro Rafael Ramírez Heredia, en cuya participación nos autorizó (con firma y todo) la publicación del primer capítulo de la novela
La revista es un medio para dar a conocer a los creadores noveles que, como en mi caso, siempre brinda la oportunidad de presentar al público sus primeras creaciones; creadores que luego han despegado en su quehacer literario (siempre una apuesta), para marcar con firmeza su pie en la historia cultural de Yucatán, así han aparecido a su debido tiempo: Will Rodríguez, Lourdes Rangel, Patricia Garma, Fernando de
Así como ellos, en este espacio, han aparecido publicadas plumas de la calidad de Rosa Beltrán, Coral Bracho, Sara Poot, Agustín Monsreal, Raúl Renán, Beatriz Espejo, Luis Armenta Malpica, Óscar Wong, Lina Zerón, Juan Armando Rojas, Karla Sandomingo, Roxana Elvridge-Thomas, Herminio Martínez, Jorge Ortega, Heriberto Yépez, Nadia Contreras, Balam Rodrigo, Angélica Santa Olaya, Federico Corral Vallejo, María Antonieta Mendívil, Luis Valdez, Julio César Félix, Sergio Loo, Sergio Téllez-Pon, Ambar Past, François Roy, Marco Fonz, Daniela Bojórquez, Ibet Cázares, Argentina Casanova, Agustín Labrada, voces todas de la contemporaneidad nacional.
Pero la revista no se queda ahí, brinca las fronteras para traer a estas tierras y mostrar los trabajos de escritores extranjeros: Sandra Alland (Canadá), Winston Morales Chavarro (Colombia) quien nos ha enviado trabajo propio y de otros compañeros colombianos como Harold Alvarado Tenorio; igual ha aparecido en las páginas de Navegaciones Zur el escritor Francisco Javier Cubero editor del sitio digital Eldígoras (España), Francesca da Rimini (Australia), Marcio Carvahlo (Brasil), y muchos otros.
La revista igual deja memoria de los artistas visuales de la región. Las portadas a color siempre han sido y son reflejo de alguna obra de creadores como: Miguel Cetina, Adrián Olivos, Alfredo Lugo, Humberto Suaste, Manuel May Tilán, Ernesto Novelo, Jorge Méndez Arceo, Armantina García Peregrina, Renán Novelo, Raúl Moarquech Ferrera-Balanquet, Víctor Argáez Cimé, Patricia Martín, entre otros, todos ellos creadores contemporáneos, a los cuales la literatura siempre va ligada.
Navegaciones Zur fue fundada el 2 de octubre de 1993. Y sobre la fecha de aparición del número 1 dice Cristina Leirana: “…escogemos fechas relevantes a nuestra memoria, para destacar los diacríticos que nos hacen diferentes a las otras sociedades del mundo”.
Tuve la oportunidad de comenzar a trabajar en ella en julio de 2002, cuando la revista iba a cumplir 9 años de existencia. Ahora son más de 13 años, 49 números, 5 veces ha recibido el apoyo Edmundo Valadés para la publicación de revistas independientes del FONCA (convocatorias 1997, 1998, 2002, 2004 y 2005), la beca del Programa Nacional de Educación Artística (2002), y el Premio Estatal de Literatura para obras publicadas en 1999.
Vendrán otros momentos, otras voces nos cercarán, mucha gente negará esta generación, pero Navegaciones Zur, está lista para enfrentar los cambios de estafeta, siempre promocionando la libertad de ideas, siempre impulsando las nuevas conciencias literarias, siempre redescubriéndose a sí misma. ¡Bienvenido el número 50!
Navegaciones Zur. Revista literaria trimestral del Centro Yucateco de Escritores, A.C. 48 páginas, portada a todo color.
COMISIÓN EDITORIAL: Melba Alfaro - Roberto Azcorra - José Juan Cervera - Adán Echeverría – Patricia Garma - Jorge Lara - Cristina Leirana - Carlos Martín.

Angélica dijo
Felicidades Adán,
El trabajo y el amor que día a día dejas en esta revista es evidente, puede casi tocarse. Qué importante es el cariño que se pone en lo que se hace para lograr frutos como el que ahora, tú y los demás compañeros de Navegaciones, saborean. Saboreamos, ¿por qué no decirlo? Aún con mis pocas colaboraciones me siento ya un poquito navegante en este proyecto tan lleno de compromiso, seriedad y calidad. En la colita, pero ahí voy.
Te abrazo a la distancia con el corazón y la palabra esperando hacerlo pronto no en la virtualidad sino en la materialidad que también es necesaria.
Angélica.
30 Octubre 2007 | 02:39 AM