Levantarse de la propia cripta que se es en el espejo.
No me doblegaré, no doblegarse, ni apretarse el cuello. ¿Y por qué no?
¿Qué las preguntas no tienen sentido al responderse una y otra vez con la misma mejilla alquitranada en que no se remueve ni la distancia del corazón a la mente de la mente a las piernas y de mi mano sobre el miembro rígido que me queda para amarte?
Hace ya cuarenta y ocho horas que ando pálido esperando tus noticiosos escupitazos. He visto una entrevista a una mujer que me arropa los ojos cada tres de la mañana.
He visto que se me caigan las distancias con una llamada por teléfono a otro ser depresivo que me invita a su playa de dolor y esquizofrenia.
Me visto en la hoja de papel, en busca de nuevos paradigmas.
Mañana tomaré las decisiones que los tomadores de decisiones puedan sobre mi propio doblegarme. Tengo una cita en el ECOSUR de Campeche y veremos si puedo inscribirme al doctorado para iniciar en Enero (2008), pero me hace falta un documento, imposible de alcanzarlo en este momento: falta de lana, pero más de tiempo.
De no lograrse la consumación de mi destino natural, esperaremos que un nuevo oleaje me saque cadavérico a la playa, recalar como una ballena que ha perdido forma.
Heme acá que solo soy tristeza y me voy corriendo en la distancia de nombrarte.
Oh mi aguerrido fuero vertebral, dame con el mazo en la nuca, y acabemos de una vez con tanta ruina y mentira que soy que he sido, que me presiento.
Ya necesito de la oscuridad de la selva para enmohecerme, y serme verde verde verde como las iguanas que gritando van al sol.
Heme acá hermana calumnia, sabes de mis malos olores, de mis malestares, no me desanimes de esta alegría. Ella ya no está en mi historia: bendita alegría que me calcina el corazón de sapo que me presiento. Estoy alegre sobre la botella.
Estoy alegre y arrastro mi lodo sobre los espejos. El teclado me disculpa, y ella se va, bajará los pisos en busca de otros rostros. Y el rostro que soy desdibujado solo quiere alejarse, alejarse de sí mismo ya que no hay más escondite en las axilas.

He de mirarte partir, partirme el cráneo con tu botón de acero. Querida palomita de azahar, queridita mía, niña linda que me eres tan desequilibrante. He de gritar tu nombre hasta cauterizar la herida de mi lengua.
