Las últimas promesas
"Luego se sentó en las rodillas de su esposo, y los dos empezaron a hacer niñerías, besándose y diciéndose estupideces." Cumbres Borrascosas, Emily Bromtë
He recordado mis promesas y no quedan mas que los recuerdos. El polvo que me siento y lo grande de mi brazo que siempre van hacia adelante. Soberbio, imperecedero. Aún cuando el mundo me aviente su garra, su picotazo nicotina, su desidia irremediable, aún siempre, permaneceré en la negación de mi historia. Sólo me queda el nombre: Adán Echeverría nació de las cactáceas, así lleno de espinos; su madre, una zarigüeya le dio su leche agria; su padre, zopilote, le enseñó el vuelo de siempre, abandonar los nidos, abandonarse al viento, irse siempre, lejos, lejos de todas las criaturas lindas de existir en rosa.
¿Qué es lo que han dejado que pudran las tomerntas? El verano. El día caluroso y el calor de las literas. Ya no queda niarmado el segundo piso de la cama. Estirar los pies y tocar el techo, fumar sobre los miles de ombligos en que nos hemos arredrado las caricias y el golpe en la cara. Ya no me queda amor. Ya no me queda ni siquiera la justa venganza. Ya no me importa más que esta decidia de esperar la muerte.
Oh mi gran Satán, mi amigo íntimo. Oh mi Belzebú, mi ser amado
Cuando vendrá por mi la silente Muerte. Cuando vendrá por mi para arrasarme en su carbunclo. Ya no hay ánimo para dar más aletazos, no queda más delirio para definirse cuchillada. Este mundo de hombres y noticias, este mundo de poemas insulsos, rimbombantes y tan lleno de sentidos de odio. Todo el mundo roza de los maricones (no hay que ser homosexual para ser un maricón, y eso se sabe), que no quieren vomitarse en su propia tumba.
Dónde esta mi brujo sedicioso. Dónde mi maravilla de aquelarre.
Ella que se raspa las ventanas en busca de otro golpe. Ella que se raspa la vagina preparando su sarna. Ella que se vuelve solo palabra sin sentido, maniqueo lacerante. Manifiesto de no sentirse en el piso ni en la despedida. Éramos un mundo nuevo, un mundo de terribles agonías que se disfrutaban.
Tantas uñas, tanto viento, tanto fuego entre los labios, tanto espino sembrado en la pupila, y sólo me ha dejado el resfriado absurdo de mi alma.
No hay más que sentir que sentirse ajeno. Sentirse sentimiento malogrado.
Me queda la uña de acero,el ulular de silencios que siempre me despeinan.
Ha quedado mi cabello, ha quedado mi excremento prendido de esperanza, ahí, en el fantástico verso de una propia disidencia.
Hemos de ser humedad y práctica voluble.
Hay un amorío roto que nunca volverá a reconstruirse. Hay un sentimiento que marca enero como última silueta, y solo es una reconciliación con la misma sarna.
No hay espejos. No hay lagunas que se disuelvan sobre las vértebras. Solo el rastro de la gusanera.
No queda más voz que pueda inaugurarse.
Mi témpano es inmenso.
Terremoto rosa de silenciar el mar. Ahí, dónde se ha quedado mi espinazo, espero a las gaviotas.

Bernardo Chapa dijo
Magnífico texto, perfecta fluidez entre una idea y otra; una de tus grandes cualidades es la capacidad de mantener el tono y la intensidad desde el arranque. Este tipo de narrativa-poesía se te da muy bien, sin menospreciar tus otros trabajos.
Me gustaría que por favor me enviaras un correo al email de mi página porque deseo contactarme contigo.
Gracias
23 Julio 2007 | 06:38 PM