Mis propios egos
¡Hijo mío! ¿Hasta cuándo dejarás que el llanto y la tristeza roan tu corazón, sin acordarte ni de la comida ni de la cama? Bueno es que goces del amor con una mujer, pues ya no has de vivir mucho tiempo; la muerte y el hado cruel se te avecinan.
Bueno es gozar del amor con una mujer. Bueno es gozarse en vez de que el llanto y la tristeza roan el corazón.
Y es que en estas noches de tanta letra en la naranja de mis párpados, uno necesita sacar su olor a semen de tres días. Uno tiene que salirse.
Como ella ha dicho: "¿acaso he puesto alguna vez los pies en la tierra?
Ante esa negativa de futuros no queda otro remedio que mirar hacia otra parte. Cambiarse el rostro de los sufrimientos por el sino del "me vale madre". He de continuar con mis propias dolencias que me brinden la oportunidad de servirme recalcitrantemente sobre la mesa. Los futuros propios, esos en los cuales se puede creer sin necesidad de mayores aspavientos, ni menores logros mujeriles.
Volví a creer y no tiene sentido. No tiene sentido la voluntad de la gente que no tiene conciencia ni saludable emoción de sentirse. La volubilidad de las ideas, la libertad de enfrentarnos a la noche.
No hemos nunca de ponernos de acuerdo en los resultados de mi propia lucidez, y como siempre he dicho: el error de tu vida es que no te decides por obedecerme.
Solo eso tienes que hacer. Obedecer y listo. Obedecer y para siempre. Que te digan que no debes de ser tan sumisa. Eso carece de importancia si tus lágrimas terminaran por evaporarse. Que se obedezcan los unos a los otros.Y que las conciencias solo puedan ser parte de mi propio racionamiento.
Como alguna vez escribí: que sea mi semilla la que se deje crecer en todos lados.
