Y nos quedamos solitarios buscándonos la muerte en el bolsillo
Diganme si esta idea no es hermosa:
La carne de la humanidad sufre, por supuesto, pero por haberse dejado caer en carencia frente al esfuerzo de la claridad.
Esto que ha dejado escrito Antonin Artaud define lo que siento en estos momentos por esta oscura conciencia humanitaria que me rodea. Sobre estas frases se va creando mi conciencia, odiando, odiando hasta el derrumbe, y tal cual lo asienta Artaud: "el suicidio no puede ser otra cosa que una protesta".
Y es de esta manera como Sylvia Koniecki nos habla dentro del Mito de Kurt Cobain, y nos presenta y se presiente un idealismo actual tan perceptible:
"...esta generación ha crecido con la herencia del desencanto que sigue al fracaso de los grandes movimientos políticos y sociales, y ha aprendido a no creer ciegamente en los discursos provenientes del oficialismo, en un sistema que se basa en valores que son manipulados según la conveniencia. Por ello, toda filiación a un pensamiento establecido, cuyo contenido siempre puede ser tergiversado por los intereses de un grupo de poder, es sometida a la sospecha y rechazada.
...no compartir con los jóvenes de los años sesenta y setenta una vitalidad canalizada hacia la lucha social,(...) produce un gran escepticismo, debido a que esos adolescentes idealistas se convirtieron en adultos interesados por el lucro personal.
...Debido a que la juventud ya no se identifica con la lucha social vigente en décadas anteriores, en las que el objetivo era llevar a cabo una profunda transformación de la sociedad, el objeto de protesta se traslada al plano individual: la preocupación se centra en los problemas del entorno inmediato y en la mentalidad de los individuos que integran esta sociedad."
No hace falta más que mirarnos la ropa, mirarnos los celulares, mirarnos en la victoriay las conquistas, en el despilfarre de nuestras decadencias.
No hay otra salida que orinarnos desde las azoteas, de mojar con nuestros gritos el alma de los transeúntes. Hay que descubrirnos animales, bestias, asesinos, hay que descubrirnos odiándonos y rascándonos los piojos. Bésame las axilas.
Lámeme el culo y pinta de rosa mi universo de papel cajeta donde me he quedado a escribirte versos.
No hay más que muerte rodéandonos. Pedimos la hecatombe. Empezar de nuevo. Matarnos los unos a los otros. Arrancarnos la carne.
Yo les deseo a todos su propio conquistarse.
Ella lo sabe. Ha deseado ser mujer sumisa, y dejarse golpear hasta el orgasmo (aunque su mami no le entienda el ideal).
Él lo sabe, hay que colgarlo de los huevos en el árbol de eucalipto para que no nos arda la garganta.
Hay que darnos los cuchillos, coleccionar navajas, armarnos de granadas para cuando lleguen los coyotes, para cuando lleguen las moscas a dolernos el pastel de la conciencia.
Hay que sacudirnos los rezos, rascarnos la culpa y metérsela a todas las que se abran, rasuraditas y sin gusanos, que la noche ya es de 24 horas ¿cuándo miraremos el amanecer blanquísimo?
El ultravioleta nos va inaugurando nuevas cicatrices de clonaciones y desarmes que nunca se llegan al punto exacto de la mirada.
Ella, ella que siempre se busca en los poemas, ella que no puede comprender el lobo que me habita.
Este grito que de tan contenido me va pudriendo las entrañas.
Yo lo pido: por favor, quítenme la vista, quítenme las ganas tantas de matarme.
