Una más de mis borracheras (argumentos ilícitos de una doble vida)
Y el calor era demasiado (siempre ha sido demasiado, siempre será demasiado en este punto llano del sureste de México).
Todo comezó en una cantina de esas que abundan en esta ciudad, eramos cuatro y luego fuimos tres. El continuo rascar del último centavo en algún pantalón. Uno que se duerme en la cantina, otros que conversan sobre la misma chica que compartieron en alguna época. Síndromes y karmas, dharmas y garmas.
Ellos eran únicos y se reconocían. Luego el carro que no llega, caminar el centro, hasta meterse a un hotel y bañarse en la piscina hasta que los sacan (sólo yo me bañé en la piscina, jeje). Todo iba bien. Y luego.... el automático... Recuerdo haber abordado el camión para mi barrio, y cuando abri los ojos estaba de nuevo en el centro... Maldita sea, pensé, pateé un poste, como carajo me fui a quedar dormido. Maldita sea, otra patadita, ya no había camiones, no había forma de irse a casa, no había lana pal taxi ni nada. Caminé a mi oficina, desperté al velador (sí, se que hice mal en interrumpir su sueño), hablé por phone a casa, desperté a la fiera, y le pedi que me pagara el taxi... Uff, aceptó, y ya de nuevo acá...
Cosas que pasan, cosas que nos hacen ser lo que somos. Vengan las cervezas hasta quedarnos sin hígado. Salud
