Poemitas y poetiquiteces
Cada verso debe ser una idea, dice el maestro Wong. Y las ideas nos forman. Me quedan las palabras de Daniel Day Lewis: Es mi nombre lo único que tengo,de la película Las Brujas de Salem.
Esa búsqueda de la voz. Esa expresión que nos hace diferentes. La poesía no es para comunicarse. Comunicarse queda detrás del arte. A nadie le interesa nuestro sentimiento, sino el poder de las palabras. Esa forma que tiene el artista para poder moldearlas a su favor, o en contra. ¿Qué es del hablante lírico? Eso que somos y no somos al mismo tiempo en nuestra poesía. Ese lanzarnos a la muerte. Exorcizarnos. Escribir para sacar todos los demonios que llevas dentro. Escribir para poder conciliar el sueño.
Me he decidido por la expresión del intelecto. Bajo, terrible, oscuro, nimio o como sea. El caso es que siempre estaremos sobre esa búsqueda. María Antonieta Mendívil me señaló alguna vez: Eres narrador, pero más poeta que nada. Y eso fue un cumplido, o quizá una condena. Ser poeta es derribarse. Odiarse hasta el grado de expresarlo todo.
Tan saturadas las librerías de palabrejas, palabrería y listo. Vienen los concursos, las becas que lo pueden todo. Que nos lo dan todo. Aparecimos en las revistas y a nadie le importamos más que a los que ordenan las hemerotecas, y aquellos no pueden comprendernos, ni les interesa.
Nada como los trabajos de Asturias, o de Miller, del mismo Lezama Lima, los trabajos de Baricco, y en fin, tantos y tantos que hacen de su voz, poesía, luz, iluminación. Y por eso me quedo con Milton, me quedo con Pound, con Elliot, con Pizarnik y sus constantes búsquedas.
Por eso amo a Kavafis.
Por eso me derrito por las líneas de José Carlos Becerra.
Por eso se me lleno las amígdalas de la poderosa voz cínica de Bretch. Ahí es donde Dylan Thomas nos invita a que la creación hay que llevarla hacia el sonido. Hacia la construcción del ideal. Vámonos todos a reducir tan solo a: Guardo en el ropero del suicida mi traje de vale madre.
No podemos reducirnos a esas voluntades.
No podemos detener la poesía tan solo en esos avistamientos del buen versificador:
Ese es tu nombre
una escuálida madeja en que ya no me sitúo
Jugué a quererte y nada puedo contra eso

Nada puedo. No hay forma de remediar los alternados sentidos del color. La tesitura y el canto de otras pieles. Otras gargantas lumínicas.
No trates de enseñarme, no necesito tu furia sino la calidez de tu entrepierna. Puedo decirte claro:
Nadie espera tranquilo a que se pague el comercio de las hojas de parra
la vendimia de las faldas los cigarros y todas las caricias ya sin forma
porque tiré monedas al aire en el malabar de nombrarte cada diente
Has sido mía
como son míos los sombreros de mi padre.
Pero nada de esto te traerá de vuelta, ni me dará consuelo. Estoy en el borde de mi propio verso. Terminal y paquidermo como pude estar antes de conocerte. ¿Te he dicho de mi abismo? Bien. Es ahí donde me detengo a replantearme todo. Algún nuevo camino. Tu rostro sólo es esta cortina que me impide mirar hacia adelante. Habrá que echarla abajo. Hay que replantearse nuevos caminos, ya sea de la voz de Bob Dylan. O de los asaltos de Darzamat. Ya sea en la flauta de Jethro Tull, o en los acordes graves de Nick Cave. En fin.
En cada pintura, en cada película nos habremos olvidado al fin. Me entretendré en el canto de mi propia voz. Es eso, te dije. Es la voz la que nos queda. Saber asentarla en el verso. Tomar la colina del papel. En esas noches. En esas horas de constante ensimismarse. ¿Estaremos todos destinados a futuros?
No seamos constructores, sino remedio. Cada verso debe ser una idea, llena de sentido, imagen y ritmo. Aquí queda mi búsqueda. Aquí empieza mi camino. Hacia la soledad de mi propia muerte. Hacia la soledad de mi cerebro. Que vengan todos los demonios a visitarme el sueño. Porque en mis sueños ellos habitarán, y tendré que resistirme a quedarme dormirdo. Escribiré de nuevo, como si pudiera sanarme de mí mismo:
Llevo el manto del basilisco colgado en la espalda
la voz del águila inundando la semilla
Déjame hacer nido en la roca de tu vientre
inundarte con el poder de mis agujas
Cuando entres
no dejaré que salgas del remolino que me habita
violento laberinto de miradas
Cada dos días seré látigo y voz que te domine
cada tres iremos a repartir el pan
la costilla y el lodo

David Blázquez dijo
Tienes un blog realmente interesante, ya estás entre mis favoritos! Espero tener tiempo para leer todo lo que has publicado. Yo hace poquito me decidí a realizar un blog sobre crítica de poesía, donde publicar además artículos de opinión, reportajes y entrevistas. Se llama: www.lapollaenverso.blogspot.com
Que el título no te asuste porque realmente es un trabajo muy serio, quizás te guste!
Tenemos que hablar mucho sobre poesía. Saludos desde Madrid.
13 Abril 2007 | 11:40 AM