Y sigue la mata dando
Señores la literatura no es la vida. Se vive para hacer literatura, pero no se vive dentro de la literatura. Uno no puede andar creyendo por ahi que todo lo que se dice es cierto, sino solo ejemplica el poder del pensamiento y de la creatividad. Acabó de recibir un correo de
Vamos Garma, la vida hay que vivirla lejos de los lamentitos infrahumanos. El domingo platicaba sobre Marisol sobre lo mismo, sobre que la vida nos avienta a ridiculizarnos. No todo lo que parece es ni todo lo que es tiene que parecerlo. ¿Cómo es posible tantas amenazas? ¿Tantas palabras de abandono y no remediación? El destino nos ha impuesto sobre el raciocinio toda la incultura que nos remolina los huesos. Toda la ignonimia que nos avienta al paleolítico. Esa es la falta de cultura por la que este país, esta generación se la está llevando el demonio. Yo digo como Chávez, padre Castro. Y me siento bien de decirlo.

Yo digo como dice el rito: Hazme un lugar en la cripta que ya no me he engañado mas.
Abramos las heridas de los otros que no las nuestras. Un juego de alcohólicos y la ceja rota. Un juego de palabras y el corazón herido. Más allá de la violencia está la palabra. Esa que en un principio recorría las aguas. Preciado Estigio que todo nos remedia en el placer de olvidarnos. Ella que me ha llamado tantas veces queriendo que yo le conteste como le contesta algún otro. Pero como me dice Marian: Se acostumbró a que siempre estás ahí. Ahora que ya no estás, Adán, ahora sí sabrá quién eres tú en su vida. Y te hace sospechar.
Pero no, no todo es como nos lo pinta el viento. Ni como nos lo tira la música sobre las palabras. En el sitio indicado estará la maldad aconsejándonos, en el sitio adecuado estará la piel esperando por su anhelo. En el sitio adecuado estará el silencio renombrando las cosas para que ya no nos quede duda de que el día va muriendo con el paso de las horas.
Ella tendrá que aprender a disfrutar su nueva vida. Y como le dije a Marisol, quizá alguna vez podamos sentarnos a comer, ella y yo, con
Una ceja abierta, los amigos, la borrachera, el golpe de la furia, y todos juntos a tomar cerveza. Como te hace encontrarte el raciocinio sobre humano. Ahora que las amenazas nos convienen, yo no me lamento por la histeria, ni por los olvidados rostros de todos los que nos persiguen. Sino porque en el dolor de las heridas, en ese que aunque no lo creamos nos persiguen, ahí es donde todo nos impulsa a sobrevivir la lejanía. Hoy ha sido Alejandra, o Marisol, o Adriana, o Teresa, o mi prima Christian, o la misma Josefina novelable y novelada, toda la voz que mi conciencia crean en su derredor, y como sanguijuela me exprimen el cerebro para recuperarme de las ausencia, para recuperarme de mí mismo, para recuperarme de todas las ciencias ocultas de mi cuerpo. Alguna vez habré de entenderme, o de entrometerme sobre la sobredosis del tedio que ya no me abandona. No lo sé. El caso siempre ha sido la voluntad de los dientes, que lo roen o lo muerden todo con su atávico malestar de nombrarnos. ¿Quiénes somos y para qué existimos? El hablante lírico es lo que nos queda. El dolor de no reconocernos. El dolor de perseguirnos como la cicuta, o como el olvido.

Señoras y señores, la literatura no es la vida, sino la creación de los mundos propios, con sus ángeles y demonios por delante. Nada es cierto, pero todo es cierto en esas mentiras que se esconden. Un poema dedicado a alguien no implica que se viva lo que el poema involucra, una narración que incluya el nombre de una nínfula, no implica la lascivia saboreada, sino las posibilidades de las relaciones mías y de todos y todas las personas, y el que no le guste que se vista y que se vaya.
