Las desgracias de Babel ... Adán Echeverría
Es inaudito lo que ha pasado con el último largometraje de González-Iñárritu, la película con que cierran el ciclo de la fórmula de Guillermo Arriaga (el guionista), ya tan simplista, a pesar de las malas costumbres de la gente que no lee, ni aprecia el arte de pensar que es una obra artística, esta última película supera con mucho las tonteras argumentales de Amores perros de la cual lo único que nos queda es la primera parte estelarizada por Gael. Solo
Arriaga y el director de Babel han sobrepasado las expectativas de la visión del imperio yanqui de manera terrible: los mexicanos somos Celso Piña, matamos gallos, en sitios polvorientos ante la mirada atónita de niños gringos que se quedan con: ¿esto es México? (tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos); en la visión Marroquí, un niño (pobre claro y cómo) se masturba mientras su hermana pocos años mayor lo conciente, y le permite ver sus desnudeces. Qué dirá el mundo islamita de estas visiones de la fórmula mexicana de éxito. Y la parte de Japón solo es tecnología, música electrónica, volley ball, drogas y una niña menor de edad desesperada por ser aceptada en el mundo occidental (sordumada para colmo). El padre de ella un cazador de grand slam, deja su escopeta como regalo a un guía marroquí, y se unen las historias (oh, qué hallazgo), cuando unos pobres turistas con su matrimonio en decadencia pasan por las pesadillas de que la fémina es alcanzada por una bala de, sí, acertaron seudoterroristas, la bala del niño puñetero, que sale de la misma arma que el japonés dejó de regalo, como una buena propina, y sí, los niños gringos que visitan México, son hijos de la pareja de turistas que andan por Marruecos; el polvoriento México de gallos ahorcados, bodas llenas de cerveza, de Celso Piña, (o cualquier música parecida, de norteños, bueno), de tipos que se cruzan borrachos la frontera, de mexicanos abandonados en el desierto (snif, snif). Les abrimos las puertas y nos jalan los pies, frijoleros bastardos. Que construyan el muro, el muro de los ignorantes que no de la ignonimia.
¿Vergonzoso y esto es lo que celebramos. Que nos pinten a los mexicanos, a los japoneses, a los marroquíes de esa forma?
Somos presa fácil de la visión yanqui, somos presa fácil de juzgar héroes a los gringos como nos los pintan, ya no necesitan ser supersoldados, ahora es necesario justificar su barbarie diciéndole al mundo, desde, claro, los realizadores de esas latitudes, que el imperio yanqui es necesario para llevar cultura a pueblos tan bárbaros (alabado sea Atila).
Pues ahí viene ya Apocalypto de Mel Gibson, los inditos mayas y sus luchas de rituales sagrados y de violencia.
Vamos al cine todos a mirar que nuestros creadores se vendan al mundo de holywood con la misma rapidez del que se levanta para saludar al turista gringo que viene a nuestras tierras, malditos de
¿En qué nos hemos convertido?
Al final, de los últimos proyectos del cine mexicano, me quedo con: Crónica de un desayuno, Piedras verdes, Cuento de hadaspara dormir cocodrilos, Batalla en el cielo y de lo último El laberinto del Fauno.
